Las infecciones de orina de repetición

El tracto urinario constituye una de las localizaciones más frecuentes de la patología infecciosa , ocasionando múltiples asistencias ambulatorias y no pocos ingresos hospitalarios. La vía de adquisición más frecuente de estas infecciones es la ascendente a través de la uretra, siendo las bacterias intestinales fundamentalmente la Escherichia Coli la causante de casi el 75% de las mismas.

Estas infecciones se pueden clasificar según su localización en el sistema genitourinario en uretritis, prostatitis, cistitis, pielonefritis y orquiepididimitis, pudiendo ocasionar cualquiera de las mismas un cuadro de sepsis cuando asocian una respuesta inflamatoria sistémica, que en los casos más graves desencadena el shock séptico. La mayoría de las infecciones tienen un curso benigno, pero en los casos de sepsis grave la mortalidad puede llegar al 20-30% de los casos.

De todas las infecciones urinarias la cistitis es la más prevalente con un claro predominio en las mujeres. Tras un episodio de cistitis las mujeres pueden llegar a tener hasta en un 20% de los casos infecciones urinarias recurrentes, hablando de estas cuando han existido más de 3 episodios en los últimos 12 meses. Se invocan causas genéticas y conductuales como los principales factores de riesgo para la producción de las mismas; familiares de primer grado con infecciones urinarias , edad temprana de la primera infección, frecuencia en la actividad sexual, uso de cremas espermicidas, entre otras. Es por tanto el grupo de mujeres jóvenes, sanas, sexualmente activas, con normalidad anatómica y funcional de su tracto urinario el grupo principal de paciente con infecciones urinarias recurrentes.

La prevención de estas infecciones recurrentes se basa en diversas medidas higiénicas y farmacológicas, aunque desgraciadamente exista poca evidencia científica para la mayoría de las recomendaciones. Entre las medidas que si han demostrado ser efectivas en estudios controlados están:

1.Uso de tratamientos antibóticos a bajas dosis durante tiempo prolongado, sin que existan evidencias de que antibiótico, a que dosis y durante cuanto tiempo es la óptima y asumiendo que tras la interrupción de dicho tratamiento pueden aparecer de nuevo las recurrencias.

2. Uso de vacunas utilizando fracciones de enterobacterias inmunoactivas. En este caso tampoco existe evidencia de cual es la óptima ni estudios comparativos frente a tratamientos antibióticos.
Para el resto de alternativas ( acidificación urinaria, probióticos , arándanos rojos, D-manosa…) la falta de estudios que acredite su eficacia hacen que su uso sea cuasi-empírico.